La neurociencia nos dice que el cerebro puede cambiar prácticamente a cualquier edad. Tenemos unos circuitos cerebrales, una química que nos condiciona, pero podemos transformarnos. Es decir, de un cerebro predispuesto a la inseguridad, puedo pasar a un cerebro predispuesto a la confianza, al optimismo.
Podemos cambiar, se trata de construir nuevos circuitos usando el neocórtex de manera que varíen también los neuropéptidos y otras sustancias neurotransmisoras. Podemos hacer esto voluntariamente, tenemos que aprender a hacer algo nuevo cada día, a reaccionar de manera original.
Eso es usar el neocórtex, la parte del cerebro creadora. Si mantenemos esos cambios conductuales durante un tiempo mínimo, se transformarán también las sustancias químicas que produce el cerebro ante una situación determinada.
Actuar de otra manera y aprender de ello. Así es como cambia el cerebro, pero tenemos que tener en cuenta que este proceso de cambio producirá incomodidad; por eso, solemos evitarlo. Evitamos mejorar sólo porque el proceso de cambio es un poco incómodo.
Somos criaturas de neurohábitos. En el momento en que cambiamos nuestra rutina, se produce una interrupción en la química cerebral, un periodo intermedio en el cual no hay sensación. Eso lo asociamos con el miedo y es cuando decimos que preferimos quedarnos como estamos aunque no nos guste.
Así que si toleramos ese periodo intermedio, podremos llegar muy lejos. El genio es alguien que se siente cómodo en la incertidumbre. En medio de esa corriente hay que seguir un poco más porque eso te puede cambiar la identidad.
Podemos entrenarnos para ser como deseamos ser, llevar a cabo un entrenamiento mental de las nuevas habilidades que queremos adquirir; eso hará la discontinuidad del cambio más familiar.
Te levantas por la mañana cansado y piensas que será otro día en el que te sentirás agotado. Pero, pese a todo, mientras te preparas para la jornada, puedes preguntarte cuál es tu ideal para hoy. Las imágenes que te vengan a la mente son tu material de entrenamiento. Repásalas mentalmente, siente las sensaciones de cumplir con tu ideal, familiarízate con ello. Luego, durante el día, cuando tengas la oportunidad de actuar de una forma parecida a la ensayada, tu cerebro lo hará porque es algo que le resultará familiar.
Todo esto se lo recomiendo a mis hijos. Cuando alguno me cuenta un problema, siempre le pregunto cómo podrías actuar de forma diferente mañana. Es importante que analicen la situación, aparquen la emoción unos instantes y decidan cómo actuar de entre muchas posibilidades. Les entreno para la neuroplasticidad. Así aprenden a crear su realidad.
A veces los niños no parecen interesados en aprender. Hay que enseñarles también con el ejemplo porque están genéticamente preparados para aprender así. Los niños tienen enormes cantidades de «neuronas espejo» que les permiten modelar su propio cerebro a partir de la observación de la conducta de los demás. Si ven a sus padres quejarse todo el tiempo, hacerse las víctimas, su cerebro copia esos circuitos. De ahí que el ejemplo sea la enseñanza esencial.
Joe Dispenza, especialista en Física cuántica y Neurología
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