Todo profesor se enfrenta a una clase sabiendo que debe entregar de la mejor manera todo lo que ha aprendido a lo largo de su camino como alumno y como profesor, y siempre la incognita: fué buena la clase de hoy?
En mi caso el enfrentarme a una clase me da una enorme felicidad y siempre hay una suma de ingredientes que lo hace por demás interesante para mi, la oportunidad del descubrimiento que hacemos tanto alumno como profesor de ese momento que itercambiamos juntos, ellos escuchando atentamente y aprendiendo todo lo que el cuerpo puede ser capaz, y yo siendo parte de ese proceso, siendo sólo una guía en la experiencia.
Que una clase sea realmente buena depende de muchos factores, de la capacidad del profesor de la predisposición de los alumnos pero más que nada de la buena comunicación, de la buena onda que existe entre los miembros de este grupo, que será único, no importa cuantos grupos tenga un profesor siempre cada grupo es único.
Hay un ingrediente más que para mi tiene que existir en una clase y es una cuota de juego, de desacartonarnos como adultos y volver a los años infantiles donde nos sentíamos cómodos con nuestros cuerpos, donde el cuerpo era una aliado y no un desconocido.
En síntesis, son muchos los factores que hacen a una clase interesante, cada profesor encontrará la forma de llegar a sus alumnos trasmitiendoles esta disciplina milenaria y siguiendo la línea de su escuela y su linaje, sin perder su personalidad y su propio camino.
Como alumno, yo pido un profesor idóneo y una persona cálida y amable que sea respetuosa y capaz de sonreír sin perder la compostura.
Hasta la próxima clase.
Namasté.
viernes, 16 de mayo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario